¿El tiempo se agota? Desde luego que no, si aprendemos a enfrentar los años con una sonrisa.

 

La evolución de la sociedad moderna ha cambiado la forma de expresar el miedo atávico del envejecimiento, especialmente en algunas culturas, ya sea por la extensión de la esperanza de vida, o por los grandes avances en el campo de la medicina estética. Hasta hace pocos años los síntomas típicos de los que tenían miedo a envejecer, a menudo denominado como "crisis de la mediana edad", se expresaba a través del cambio de color y corte de pelo en las mujeres, y a través de la compra de un coche nuevo o la búsqueda de una pareja mucho más joven en los hombres. Diferentes formas de atravesar una fase ciertamente importante en su vida.

 

Hoy en día se puede intervenir de manera más efectiva para tratar de superar el miedo a envejecer. De hecho, en estos últimos 50 años se han realizado muchos progresos en el campo de la cirugía estética: los tratamientos y los famosos retoques ya no son un lujo para unos pocos elegidos, sino una práctica muy extendida en cualquier ámbito social, y tanto hombres como mujeres.

El rápido aumento de las intervenciones contra el envejecimiento, sin embargo, han colaborado a  aumentar el miedo a envejecer. Alisar las arrugas y reconstruir algunas zonas se ha convertido en una práctica tan corriente que parece más natural llegar a los 70 años con un rostro inexpresivo y liso que con arrugas. Esto también se debe a que la tendencia general es no preocuparse hasta que de repente, te das cuenta de que ya no tienes el aspecto fresco de la juventud y acudimos inmediatamente a remedios drásticos.

 

Para envejecer "bien" lo apropiado es empezar desde joven, tratando de respetar tu cuerpo y las exigencias que esto requiere. Aunque no lo parezca todo se reduce a estos pocos consejos, el secreto para retrasar lo más posible el avance de la edad es seguir una dieta equilibrada, practicar deporte de forma habitual, cuidar de  tu piel y reducir el estrés. Sigue un camino recto y llegarás a la vejez con la conciencia de haber hecho todo lo necesario para vivirla bien y así mantener a raya el miedo a envejecer.