La actividad física es buena para el cuerpo y la mente, pero no es suficiente con practicar de vez en cuando para  evitar el sentimiento de culpa. Lema, ¡la perseverancia!

En la actualidad hay muchos profesionales que recomiendan la actividad física casi todos los días, ya que aporta muchos beneficios, tanto físicos como emocionales. El entrenamiento físico permite que el cuerpo estimule la circulación, despierte el metabolismo y ponga en marcha incluso a  un cuerpo perezoso. Permite mantener un peso saludable y evitar llegar a estados de sobrepeso o incluso obesidad y concederse disfrutar, de cuando en cuando algunos caprichos gratificantes. Pero el ejercicio no se limita solo a esto, ya que también induce la estimulación hormonal de la dopamina, la hormona del buen humor, lo que mejora los estados emocionales.

De hecho, el deporte puede ser considerado como un valioso complemento de la terapia contra la depresión, no sólo porque promueve la socialización y distrae de pensamientos negativos, sino también, porque induce esos importantes incrementos de estas hormonas que son esenciales para el bienestar mental.

La concentración y la memoria también mejoran increíblemente como resultado de entrenamientos físicos continuos.

Para obtener todos estos increíbles beneficios del deporte, sin embargo, es esencial ejecutarlo con perseverancia, al menos unas tres veces por semana, con el fin de poner en marcha los procesos que permiten sacar todos sus efectos positivos.

Aquellos que no están acostumbrados al ejercicio y deben sacar su cuerpo desde el sopor de la pereza y el estilo de vida sedentario, deben hacerlo siempre de forma gradual manteniendo una cierta frecuencia en la cita con el deporte.

Se podría comenzar con ejercicios suaves y poco exigentes, realizados durante al menos 45 minutos en dos citas semanales, y luego aumentar la intensidad del esfuerzo y la frecuencia, hasta incluso llegar a 4 sesiones de entrenamiento a la semana.

La elección del deporte debe ser lo más estimulante posible, a fin de no perder el entusiasmo a pesar del agotamiento físico, recordando que los beneficios obtenidos por el ejercicio regular y constante son a largo plazo, mucho más importante que el esfuerzo realizado.