Le pasa a todo el mundo, incluso a los más deportistas, que practican mucho deporte. A veces lo dejamos de forma gradual, tal vez debido a un período repleto de compromisos, a la pereza o a un trabajo que no deja tiempo para la vida privada. Otras veces lo dejamos de repente, porque nos vamos de vacaciones o tal vez por problemas de salud que requieren un largo período de convalecencia. Independientemente de la razón que nos llevó a la parada de la actividad física, el cuerpo y la mente van a sufrir mucho.

Cuando se detiene el entrenamiento, hay transformaciones tanto a nivel psicológico como efectos físicos: en otras palabras, el organismo humano da señales negativas muy precisas que se pueden identificar y que inevitablemente deterioran la calidad de vida.

Los beneficios del deporte no son permanentes, y cuando el cuerpo se encuentra en un estado inactivo decide hacerse oír.  Después de dos semanas de inactividad, los deportistas muestran una cierta fatiga al subir escaleras, debido a la disminución del 15% de la potencia aeróbica. Después de tres meses de inactividad, este último se reducirá en un 20%, lo que significa que va aumentar más la fatiga. La doctora Farah Hameed, experta en medicina deportiva, dijo: "Incluso estos cambios pueden causar un fuerte aumento de los niveles de glucosa en sangre. Lo que es especialmente peligroso para las personas con diabetes o presión alta". Pero no termina ahí, porque de acuerdo con la doctora, también se disminuye (aunque más lentamente que la resistencia y la potencia aeróbica) la fuerza, y por contra se tiende a engordar, viendo aumentar repentinamente los  niveles de grasa corporal.